En qué pienso cuando hablo de toalleros

Murakami escribe y corre, yo, además de mutilar el título de su libro “De qué hablo cuando hablo de correr”,  vendo toalleros. Vendo toalleros. Si. Vendo toalleros. No os voy a mentir, me gusta más correr pero como no soy Bikila (ya puestos, ni Murakami), pues no puedo vivir de mi afición. Así que vivo de vender toalleros… pero no.

La realidad es que tengo una tienda, que quiere decir que vendo cosas,  pero a la hora de la verdad lo que hago es hablar con la gente. Les miro, les escucho, les contesto y les ayudo. En muy pocas ocasiones tengo la sensación de que les vendo, más bien suelo tener la sensación de que me compran, lo cual reduce considerablemente la presión sobre mi persona y me permite reflexionar sobre muchas cosas.

Cuando un cliente entra por la puerta, siempre tengo la sensación de que me va a aportar algo. Ya sea porque tiene un timbre de voz especial, porque me va a comprar mucho o porque va a poner a prueba mi paciencia o mis conocimientos: Siempre salgo ganando algo… y no me refiero a una úlcera, eh? Mientras atiendo a estas personas, me fijo en como reaccionan ante los productos. Os sorprendería ver cuán distintas son las reacciones de la gente ante 40 escobilleros diferentes: desde la persona que no encuentra el que quiere ( y sabes a ciencia cierta que nunca lo encontrará) hasta el que no sabe por cuál decidirse, pasando por el que le importa un pito y por el que lo tiene claro desde antes de entrar.

Y lo mismo con todo, la forma en que saludan al entrar (o no), cómo se expresan, como se mueven por la tienda, incluso cómo pagan -con alegría, con fastidio, con resignación, con orgullo, con desidia, con desapego, con ostentación…- me hacen pensar en lo diferentes que somos todos, en lo sensibles que somos a las personas con las que interaccionamos y, en realidad, en lo responsables que somos de la felicidad de los demás.

Así que, cuando vendo toalleros no estoy pensando en barras de metal sino en la vida que verán pasar, en la utilidad, el placer y la comodidad que le prestarán a su dueño. En lo que esa persona espera de su toallero, de su baño, de su casa, de su familia y de su vida… en definitiva, en lo que espera de mí, que le vendo un toallero.

 

 

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